domingo, 28 de diciembre de 2014

Carl Jung, sobre el Inconsciente Colectivo

¡¡¡Queridos amigos, quiero agradecerles haber visitado el blog Tarot, Mitos y Arquetipos durante este año y los espero para seguir compartiendo durante el 2015!!! 

Para saludarlos para estas fiestas les dejo un extracto del libro de Carl Gustav Jung "Lo inconsciente en la vida psíquica normal y patológica" publicado por Editorial Losada. 


"Debemos, en efecto distinguir un inconsciente personal  y un inconsciente impersonal o sobrepersonal. Designamos también a este último con el nombre de inconsciente colectivo, precisamente porque está desprendido del personal y es completamente general, puesto que sus contenidos pueden encontrarse en todas las cabezas, cosa que no sucede, naturalmente, con los contenidos personales.

Las imágenes primordiales son los pensamientos más antiguos, generales y profundos de la humanidad. Tienen tanto de sentimientos como de pensamientos; es más, poseen algo así como una vida propia e independiente, como aquella especie de alma parcial, que podemos ver fácilmente en todos los sistemas filosóficos o gnósticos, que se basan en la percepción de lo inconsciente como manantial de conocimiento (así, por ejemplo, la Ciencia antroposófica del espíritu, de Steiner).
La representación de ángeles, arcángeles, de tronos y dominaciones, en San Pablo, de los arcontes y reinos de la luz, en los gnósticos, de la celestial jerarquía en Dionisio Areopagita, etc., procede de la percepción de la relativa independencia de los arquetipos (o dominantes del inconsciente colectivo).
Con esto hemos encontrado el objeto, que la libido elige, después de haber superado la forma personal infantil de trasposición. La libido ahonda entonces más en lo profundo de lo inconsciente y anima allí lo que dormitaba desde las edades primarias. Descubre el tesoro sepultado del que la humanidad ha ido sacando sus dioses y demonios y todos esos pensamientos, fuertes y poderosos, sin los cuales el hombre deja de ser hombre.

Pero la cuestión es ésta: ¿De dónde procede la nueva idea, que con fuerza tan elemental avasalla la conciencia? ¿Y de dónde toma esa fuerza, que de tal manera puede señorear la conciencia, que la abstraiga de las variadísimas impresiones de un primer viaje a los Trópicos? No es fácil contestar a estas preguntas. Pero si aplicamos nuestra teoría a este caso, encontraremos esta explicación:

La idea de la energía y de su conservación tiene que ser una imagen primordial que dormitaba en el inconsciente colectivo.

Esta conclusión nos obliga, naturalmente, a demostrar que esa idea existió en efecto y ha obrado durante milenios en la historia del espíritu. Esta prueba se puede aducir efectivamente sin dificultades mayores.

 Las religiones más primitivas en las distintas partes de la tierra se fundan en esta imagen. Son las llamadas religiones dinámicas, cuyo pensamiento exclusivo y eficaz es que existe una fuerza mágica, generalmente extendida, en torno a la cual gira todo. Taylor, el conocido investigador inglés, y también Frazer, interpretaron mal esta idea, llamándola animismo.
En realidad, los primitivos no piensan, con su concepto de fuerza, almas ni espíritus, sino, efectivamente, algo que el investigador americano Lovejoy  ha designado acertadamente con el nombre de primitive energetics.

Este concepto corresponde a la representación de alma, espíritu, Dios, salud, fuerza vital, fecundidad, poder mágico, influencia, potencia, ascendiente, medicina, así como a ciertos estados de ánimo, que se caracterizan por la eliminación de los afectos.

Este concepto de la fuerza es también la primera fórmula del concepto de Dios entre los primitivos. La imagen se ha desarrollado en variaciones siempre nuevas, a través de la historia. En el Antiguo Testamento resplandece la fuerza mágica en la zarza ardiente y en la cara de Moisés; en los Evangelios se muestra en la infusión del Espíritu Santo desde el cielo, en forma de lenguas de fuego. En Heráclito aparece como energía cósmica, como "fuego eternamente vivo". En la leyenda medieval aparece como el aura, el nimbo de los Santos, y tiembla, como alta llama, sobre el tejado de la choza donde el Santo está en éxtasis. En sus caras ven los santos el sol de esta fuerza, la plenitud de la luz.

El alma misma es esta fuerza según la antigua concepción; en la idea de su inmortalidad va inclusa su conservación, y en la interpretación budista y primitiva de la metempsícosis (trasmigración de las almas) está contenida su ilimitada capacidad de transformación en constante conservación."



¡Gracias a todos por la visita !